Pekka Halonen nació el 23 de septiembre de 1865 en la granja Linnasalmi, situada en la pequeña localidad de Lapinlahti, en la región de Savonia del Norte, Finlandia. En aquella época, el territorio finlandés era un Gran Ducado bajo el dominio del Imperio Ruso. Fue el tercer hijo de una familia numerosa liderada por Olli Halonen y Wilhelmiina Uotinen, quienes tuvieron en total siete hijos varones y dos mujeres. Su padre, Olli, era un hombre polifacético que combinaba las tareas agrícolas con la artesanía y la pintura decorativa, realizando frecuentemente trabajos de ornamentación en las iglesias de los distritos vecinos, lo que permitió a Pekka observar el manejo de pinceles y pigmentos desde su más tierna infancia. Su madre, Wilhelmiina, conocida como Miina, poseía una gran sensibilidad musical, tocaba el kantele y cantaba melodías tradicionales, influyendo notablemente en el ambiente cultural del hogar. El joven Pekka creció ayudando en las labores de la granja, pero su entorno estaba lejos de ser un entorno rural aislado; sus hermanos y primos también desarrollaron talentos artísticos, como su hermano Heikki, quien se formó como violinista, y su primo Emil Halonen, quien se convertiría en un escultor de renombre. Durante su niñez y adolescencia en Lapinlahti, Pekka desarrolló una resistencia física considerable y una destreza natural para el dibujo, aunque sus padres inicialmente esperaban que siguiera un camino profesional más estable dentro del ámbito rural o la enseñanza.
A los veinte años, en 1885, Halonen tomó la decisión de intentar formalizar su educación para obtener un empleo seguro. Se trasladó a Jyväskylä para realizar los exámenes de ingreso al seminario de formación de maestros, pero no logró la calificación necesaria para obtener una plaza. Este fracaso inicial lo impulsó a seguir su vocación artística y, en el otoño de 1886, se trasladó a Helsinki con el firme propósito de estudiar arte. Al llegar a la capital, su situación económica era sumamente precaria. No contaba con el apoyo financiero de su familia, por lo que tuvo que trabajar como peón de construcción y pintor de casas para costearse el sustento básico. A pesar de estas dificultades, fue admitido en la escuela de dibujo de la Sociedad Finlandesa de Arte en el Ateneum, donde estudió de 1886 a 1890. Durante este periodo, enfrentó el desafío de aprender sueco, que era el idioma principal de instrucción en la academia, ya que él solo hablaba finlandés savoniano. Sus maestros en el Ateneum fueron Carl Jahn y Fredrik Ahlstedt, quienes notaron su disciplina y su capacidad de trabajo. Para poder continuar sus estudios en 1887, tuvo que solicitar formalmente un certificado de pobreza en su parroquia natal para quedar exento del pago de las matrículas, un documento que conservó como testimonio de sus inicios difíciles.
Tras graduarse con honores en 1890, Halonen recibió una beca de viaje de la Sociedad de Arte. Con este fondo y sus ahorros personales, partió hacia París en el otoño de ese mismo año. Se inscribió en la Académie Julian, donde estudió bajo la supervisión de Jean-Paul Laurens y Benjamin Constant. En París, su vida fue espartana; compartía alojamiento con otros estudiantes finlandeses y dependía del envío periódico de paquetes de comida desde Finlandia, que incluían pan de centeno seco y mantequilla salada, para evitar los gastos de los restaurantes parisinos. Durante este primer viaje francés, forjó amistades duraderas con artistas como Eero Järnefelt y Akseli Gallen-Kallela. A su regreso a Finlandia en 1891, comenzó a realizar trabajos por encargo y a exponer sus primeras obras de importancia biográfica, como "El segador", inspirada en las escenas de trabajo rural que conocía desde niño. En el verano de ese año, mientras viajaba en un barco de vapor por el lago Ladoga hacia el monasterio de Valamo, conoció a una joven estudiante de música llamada Maija Mäkinen. Ella era hija del profesor Eero Mäkinen, una figura influyente en el sistema educativo de Sortavala. El encuentro marcó el inicio de una relación epistolar y sentimental que duraría varios años.
En 1893, Halonen se trasladó a Carelia, una región que le atraía por su carga histórica y sus paisajes. Sin embargo, su deseo de perfeccionarse lo llevó de nuevo a París en 1894, esta vez acompañado por Maija, con quien ya estaba comprometido. Durante esta segunda estancia parisina, asistió a la Académie Vitti, donde tuvo la oportunidad de recibir correcciones y consejos directos de Paul Gauguin. Esta experiencia fue breve pero fundamental para su desarrollo personal, dándole una perspectiva más amplia sobre el uso de los colores y las formas. El 2 de enero de 1895, Pekka y Maija contrajeron matrimonio en una ceremonia sencilla. La pareja se instaló primero en una vivienda alquilada en Komora, cerca de Sortavala, donde nació su primer hijo, Yrjö, en 1900. La vida familiar de los Halonen se caracterizó desde el principio por una división de tareas muy clara: mientras Pekka se dedicaba por completo a su trabajo creativo y a los viajes de estudio, Maija asumía la gestión económica de la casa, la educación inicial de los niños y las labores administrativas del artista.
La necesidad de un hogar permanente y de un espacio de trabajo adecuado llevó a Halonen a buscar un terreno propio. En 1899, compró una península rocosa llamada Pitkäniemi en la orilla del lago Tuusula, a unos 30 kilómetros al norte de Helsinki. En este lugar comenzó a diseñar su casa y estudio, que recibiría el nombre de Halosenniemi. La construcción se llevó a cabo entre 1900 y 1902 y fue un proyecto familiar en el sentido más estricto; su hermano Antti Halonen, que tenía conocimientos de arquitectura y construcción, colaboró estrechamente en el levantamiento de la estructura de troncos de pino. El propio Pekka participó en las tareas físicas de construcción, ayudando a colocar los pesados maderos y diseñando los detalles interiores, como las chimeneas de piedra y los marcos de las ventanas. Halosenniemi se convirtió en una de las casas de troncos más impresionantes de la época, con un estudio central de doble altura que permitía al artista trabajar en lienzos de gran formato con luz natural controlada. La familia se mudó definitivamente allí en 1902, año en el que también nacieron sus hijos Anni y Erkki, este último siendo el primer varón de un par de gemelos.
La vida en el lago Tuusula integró a los Halonen en una comunidad intelectual y artística única. Sus vecinos más cercanos eran el escritor Juhani Aho y su esposa, la pintora Venny Soldan-Brofeldt, quienes vivían en la villa Ahola. Poco después, en 1904, el compositor Jean Sibelius se mudó a la propiedad vecina llamada Ainola, y el pintor Eero Järnefelt se estableció en Suviranta. Esta comunidad, conocida como la colonia de artistas de Tuusulanjärvi, mantenía una intensa vida social. Pekka y Sibelius solían visitarse con frecuencia para discutir sobre arte y naturaleza; se sabe que Halonen disfrutaba remando en el lago para visitar a sus amigos o llevando a sus hijos a jugar con los de los otros artistas. La familia Halonen continuó creciendo con el nacimiento de Antti en 1905, Marja en 1907, Elina en 1908, Sakari en 1912 y Kaija en 1918. Maija Halonen no solo criaba a los ocho hijos, sino que también cultivaba un huerto de grandes dimensiones que proporcionaba gran parte del sustento alimenticio de la casa, incluyendo bayas, verduras y hortalizas que ella misma procesaba para el invierno.
En 1904, Pekka realizó un viaje significativo a Italia, visitando ciudades como Florencia, Siena y Roma. Durante esta estancia, se interesó profundamente por la técnica del fresco y estudió las obras de los maestros del Renacimiento temprano, lo que influiría en sus posteriores encargos de pinturas murales en edificios públicos de Finlandia. A su regreso, su rutina se volvió más sedentaria pero no menos activa. Halonen era un hombre de hábitos rigurosos; comenzaba su jornada muy temprano y solía pasar horas al aire libre incluso en los días más gélidos del invierno finlandés. Era un esquiador experto y utilizaba sus esquís para adentrarse en los bosques cargando con sus bultos de pintura y lienzos, buscando escenarios específicos de nieve y hielo. En verano, la pesca era su principal distracción y fuente de alimento complementaria; pasaba tardes enteras en su bote de remos en el lago Tuusula, a menudo acompañado por Juhani Aho, con quien compartía un interés casi profesional por las técnicas de pesca.
A pesar de la aparente tranquilidad de Halosenniemi, la vida de Pekka estuvo marcada por periodos de gran presión económica. El mantenimiento de una familia tan numerosa y de una casa de tales dimensiones requería ventas constantes de su obra. En enero de 1912, sufrió un percance que afectó seriamente su ritmo de trabajo: se fracturó una pierna en un accidente doméstico, lo que lo obligó a permanecer en reposo durante varios meses. Este periodo de inactividad física fue difícil para un hombre acostumbrado al movimiento constante, pero le permitió dedicarse más a la lectura y a la música de cámara en el hogar, ya que Maija era una pianista talentosa y solían realizar veladas musicales con sus hijos y vecinos. Durante la Primera Guerra Mundial y la posterior Guerra Civil Finlandesa de 1918, la situación en Tuusula se volvió tensa. Aunque Halonen no participó activamente en los conflictos políticos, la escasez de alimentos y materiales afectó la vida cotidiana de la familia. Sin embargo, Halosenniemi sirvió como un refugio seguro donde la comunidad de artistas se prestaba apoyo mutuo en los momentos más críticos del desabastecimiento.
En la década de 1920, con Finlandia ya como nación independiente, Halonen fue reconocido como una de las figuras consulares de la cultura nacional. En 1925, con motivo de su 60 cumpleaños, se le rindieron diversos homenajes públicos y se organizaron exposiciones retrospectivas de su trayectoria. A pesar de los honores, Pekka prefería mantenerse alejado de la vida social de Helsinki, saliendo de su propiedad solo para viajes cortos o para visitar a sus hermanos en Lapinlahti. Sus hijos mayores comenzaron a formar sus propias familias y a seguir carreras profesionales, algunos en el ámbito de las artes y otros en la enseñanza, siguiendo el interés que Pekka había mostrado en su juventud. En estos años, su salud comenzó a mostrar signos de desgaste, especialmente debido a las décadas de exposición al frío extremo durante sus sesiones de pintura invernal. Desarrolló problemas respiratorios que se agravaron con el tiempo, limitando sus salidas al bosque.
En sus últimos años, Halonen se centró en temas más cercanos a su estudio y al jardín que Maija cuidaba con tanto esmero. Continuó siendo una figura respetada por las nuevas generaciones de artistas, a quienes solía recibir en Halosenniemi con hospitalidad savoniana. Su casa seguía siendo el centro neurálgico de la familia, donde se celebraban las festividades tradicionales finlandesas con gran rigor y alegría. Pekka Halonen falleció el 1 de diciembre de 1933 en su cama de Halosenniemi, a la edad de 68 años, rodeado de su esposa y varios de sus hijos. Su muerte fue sentida como una pérdida nacional en Finlandia. Fue enterrado en el cementerio de la antigua iglesia de madera de Tuusula, un lugar que él mismo había frecuentado y pintado en diversas ocasiones. La lápida de su tumba fue diseñada por su primo, el escultor Emil Halonen, manteniendo la conexión familiar incluso después de la muerte.
Maija Halonen continuó viviendo en Halosenniemi después del fallecimiento de Pekka, preservando su estudio exactamente como él lo había dejado. Durante la Segunda Guerra Mundial, la casa volvió a ser un refugio para la familia en tiempos de incertidumbre. Maija falleció en 1944 y fue sepultada junto a su esposo. En 1949, los hijos de la pareja tomaron la decisión de vender la propiedad al municipio de Tuusula con la condición de que se mantuviera como un museo dedicado a la memoria de su padre y a la vida de la colonia de artistas del lago. Hoy en día, Halosenniemi se conserva con el mobiliario original, los libros, los instrumentos musicales y los objetos cotidianos de la familia, permitiendo reconstruir la vida diaria de Pekka Halonen. Su biografía es la de un hombre que transformó sus raíces campesinas en una carrera internacional, pero que siempre buscó volver a la tierra y al entorno familiar como base de su existencia cotidiana. La construcción de su hogar, la crianza de sus ocho hijos y su integración en una comunidad de intelectuales marcaron una trayectoria vital definida por la perseverancia y la búsqueda de un espacio propio en el mundo rural finlandés.